Kélemvor (Dios de los Muertos).
Panteón FeerúnicoLa iglesia de Kélemvor actúa como intermediaria entre la vida y la muerte. Sus clérigos enseñan a las gentes de Faerûn que la muerte es una parte natural de la vida, y que no hay nada terrible en la transición hacia lo que aguarda más allá.
DETALLES Y CARACTERÍSTICAS
- Títulos: Señor de los Muertos, Juez de los Condenados.
- Rango: Deidad mayor faerûnia.
- Símbolo: Brazo esquelético alzado sosteniendo la dorada balanza de la justicia.
- Plano natal: El Plano de la Fuga.
- Alineación: Legal neutral.
- Ámbito: La muerte, los muertos.
- Adoradores: Los agonizantes, las familias de los agonizantes, enterradores, cazadores de muertos vivientes, funerarios, paladines.
- Alineación de los clérigos: LB, LN, LM.
- Dominios: Ley, Protección, Reposo, Sino, Viaje.
- Arma predilecta: Toque fatal, una espada bastarda.
- Colores eclesiásticos: Tonos apagados de verde, azul o gris; gris ahumado habitual en el clero.
IGLESIA Y CLERO
La iglesia de Kélemvor actúa como intermediaria entre la vida y la muerte. Sus clérigos enseñan a las gentes de Faerûn que la muerte es una parte natural de la vida, y que no hay nada terrible en la transición hacia lo que aguarda más allá. Sólo los verdaderamente perversos, los falsos y los muertos vivientes deben temer el mundo que se encuentra más allá del Plano de la Fuga. Kélemvor considera a todos los muertos vivientes como abominaciones y ordena a sus siervos destruirlos siempre que puedan. Su fe se opone con firmeza a la nigromancia que perturba el descanso de los muertos, a quienes mutilan cuerpos para impedir su identificación y a quienes buscan prolongar artificialmente la existencia mortal más allá de sus límites naturales. Los clérigos de Kélemvor hacen todo lo posible por predicar a la gente común, desmitificando el proceso de la muerte y ayudando a las familias de los difuntos en los tiempos de pérdida. Muchas comunidades agradecen la llegada de los kelemvoritas, pues su contacto suele ser sereno y tranquilizador, muy diferente al de los antiguos clérigos de Myrkul, que imponían tributos funerarios de manera temible y abusiva. En los lugares acosados por muertos vivientes, los clérigos militantes y paladines de Kélemvor son vistos con enorme respeto, pues actúan como cazadores de muertos vivientes y protectores de los vivos. Las comunidades amenazadas por nigromantes, muertos vivientes o criaturas similares acuden con frecuencia al clero kelemvorita en busca de ayuda. Los clérigos de Kélemvor rezan para recibir sus conjuros a la puesta de sol. La mayoría de sus ceremonias sagradas implican bendecir a un alma para su transición hacia la otra vida. Si un clérigo de Kélemvor está presente en el momento de una muerte, realiza el Pasaje, un sencillo ritual que avisa a Kélemvor de la llegada de un nuevo viajero al Último Camino. Cuando un campo de batalla entero o una comunidad arrasada por la plaga requiere ritos fúnebres, los devotos kelemvoritas realizan el Lamento por los Caídos. Esta ceremonia, similar al Pasaje, incluye cánticos graves y resonantes y el golpeteo rítmico de bastones de fresno sobre el suelo descubierto. En una ceremonia privada conocida como el Daeum, los clérigos de Kélemvor celebran la doctrina de apaciguamiento de su deidad y realizan actividades de la iglesia con los bienes de aquellos que han muerto sin herederos. Tanto la Cumbre del Escudo como el Festejo de la Luna tienen un significado espiritual especial para los partidarios de Kélemvor, ya que es cuando los clérigos recuentan los Hechos de los Muertos que nunca serán olvidados. En raras ocasiones, los clérigos poderosos usan estos días para lanzar resurrección verdadera, devolviendo la vida a héroes del pasado distante que son necesarios en el presente. Los clérigos de Kélemvor a veces se hacen multiclase como nigromantes, exploradores o guías fúnebres, usando su conocimiento para cazar y destruir muertos vivientes. Los clérigos de Kélemvor nunca reprenden ni comandan muertos vivientes. Los clérigos de Kélemvor realizan funerales, disponen los asuntos de los muertos y a veces son llamados por señores o magistrados locales para supervisar la ejecución de últimas voluntades y testamentos. Predican a las masas la doctrina de un viaje pacífico hacia la vida después de la muerte, y se aseguran de que los cuerpos de los muertos sean enterrados de forma segura y de acuerdo con las tradiciones religiosas. También marcan los lugares arrasados por enfermedades con avisos de plaga e intentan curar las enfermedades dondequiera que las encuentren. Consideran que los muertos vivientes abominables deben recibir descanso eterno, y que quienes crean muertos vivientes sólo pueden ser detenidos mediante una destrucción rápida y definitiva. El clero de Kélemvor declara a veces cruzadas contra los muertos vivientes o contra criaturas que consideran responsables de demasiadas muertes prematuras. Ocasionalmente emplean aventureros para solucionar problemas a los que no pueden enfrentarse solos. Los miembros del clero tienden a ser callados, e incluso taciturnos. Muchos llegan a la iglesia después de haber perdido a personas amadas por incursiones de muertos vivientes, o después de haber sido ellos mismos moribundos y quedar profundamente marcados por la experiencia que se enrola en el clero poco después de volver a la vida. Muchos miembros antiguos adoraron en el pasado a Myrkul, y algunos tienen dificultades para adaptarse plenamente a la nueva fe. Aún se producen roces por diferencias doctrinales entre ambas fes. Muchos templos de Kélemvor solían ser templos de Myrkul, por ello conservan una arquitectura menos atractiva o más sombría de lo que los clérigos querrían. Los motivos de huesos y calaveras predominan, y algunos templos más grandes incluso presentan cámaras selladas que se utilizaron en el pasado para revivificaciones o ritos más oscuros.
HISTORIA DIVINA
Kélemvor es el último en una larga lista de deidades faerûnias que han comandado las fuerzas de la muerte y supervisado el destino de los muertos. La muerte ha sido una constante a lo largo de la historia de la humanidad, pero el modo en que los humanos han visto esta fuerza inevitable ha cambiado según las deidades que se han alzado como sus vigilantes. Durante el reinado del inescrutable Yérgal, la muerte y el más allá tenían una enorme carga de misterio para las personas comunes. La mayoría temían lo que no conocían ni comprendían. Cuando Myrkul tomó el oficio de Señor de los Muertos después de que Yérgal se cansara de él, los peores miedos de la humanidad tomaron forma. Los cultistas malvados recordaban a los vivos el poder y la influencia de los muertos, que se extendía mucho más allá de la tumba. En esos días, la línea entre los muertos y los muertos vivientes se volvió borrosa, y la gente común sabía que sería recibida en los brazos de Myrkul no por una protección contra ser revivido por algún nigromante demente, sino como una posibilidad temida. Las cosas fueron aún peor cuando Myrkul fue destruido durante la Era de los Trastornos y Cyric asumió su papel, ya que el mezquino y vicioso Sol Negro no ofrecía siquiera las pálidas garantías de sus predecesores. Kélemvor asumió el manto diez años después de la guerra de los Dioses y ha adoptado un enfoque muy distinto. Se presenta como juez de la otra vida de todo corazón, templando su fuerte sentido de la justicia con amabilidad y franqueza. No es particularmente ingenioso y prefiere resolver los problemas mediante acción directa, lo que a veces conduce a resultados no deseados, pero su doctrina ha cambiado profundamente la relación de muchas comunidades con la muerte. Si no hubiese sido por la Era de los Trastornos, el guerrero mortal conocido como Kélemvor Lyonsbane probablemente habría muerto en algún campo de batalla, solo y sin que nadie lo lamentara. Fue víctima de una desconcertante maldición ancestral que le obligaba a asumir la forma de una violenta pantera mágica cada vez que realizaba un raro acto de amabilidad. A pesar de ello, se unió a una banda de aventureros que incluía a Cyric del Alcázar Zhentil y a una joven lanzadora de conjuros arcanos llamada Medianoche. Al final de la guerra de los Dioses, los tres se habían convertido en deidades mediante planes astutos, traiciones o pura casualidad. Como deidades, los tres antiguos compañeros todavía conservan lo que podría llamarse una relación. Cyric desprecia tanto a Kélemvor como a Medianoche, que se transformó en Mystra, acusándoles de sus frecuentes contratiempos. Cyric urde continuamente planes para recuperar el dominio sobre la muerte, un ámbito de poder que retuvo durante poco tiempo. También instruye a sus seguidores mortales para que se opongan a los de Kélemvor perturbando el descanso de los muertos, mutilando los cuerpos para impedir su identificación y apoyando todo tipo de actividad nigromántica. Como mortales, Mystra y Kélemvor fueron amantes, aunque ahora es incierto si su relación ha sobrevivido a los acontecimientos de los pasados catorce años. Mystra ayuda a Kélemvor de vez en cuando, pero las exigencias de su condición impiden un contacto frecuente. Kélemvor odia a Velsharoon por su apoyo a la nigromancia, y a Talona por sus enfermedades y venenos, que envían muchas almas prematuramente al Plano de la Fuga. Kélemvor pasa una gran cantidad de tiempo en compañía de Yérgal, de quien aprende las responsabilidades y obligaciones de su puesto. Sin embargo, el severo pragmatismo y la ausencia casi glacial de compasión de Yérgal turban a Kélemvor; aunque respeta a Yérgal, sería excesivo decir que confía en la deidad más anciana.
DOGMA Y DOCTRINA
Reconoce que la muerte es parte de la vida. No es un final, sino un comienzo. No es un castigo, sino una necesidad. La muerte es un proceso metódico, sin engaño, ocultación ni aleatoriedad. Ayuda a los demás a que mueran con dignidad en su hora señalada, y no antes. Oponte a los que pretendan prolongar artificialmente su vida más allá de los límites naturales, como los muertos vivientes. Honra a los muertos, porque los esfuerzos que realizaron en su vida han convertido a Faerûn en lo que ahora es. Olvidarlos es olvidar dónde estamos y por qué. No dejes que nadie en todo Faerûn muera de causas naturales sin un clérigo de Kélemvor a su lado.