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Chauntea / Khauntea (Diosa de la Agricultura).

Panteón Feerúnico

La iglesia de Chauntea está vinculada a la tierra fértil, los campos cultivados, las cosechas, la vida rural y el sustento de quienes viven del trabajo agrícola.

DETALLES Y CARACTERÍSTICAS

  • Títulos: La Gran Madre, la Diosa del Cereal, la Madre Tierra.
  • Rango: Deidad mayor faerûnia.
  • Símbolo: Una rosa en flor sobre una corona, en forma de rayos de sol, de grano dorado.
  • Plano natal: Casa de la Naturaleza.
  • Alineación: Neutral bueno.
  • Ámbito: Agricultura, plantas cultivadas por los humanos, granjeros, jardineros, verano.
  • Adoradores: Campesinos y sirvientes contratados, druidas, granjeros, jardineros.
  • Alineación de los clérigos: CB, LB, N, NB.
  • Dominios: Animal, Bien, Protección, Renovación, Tierra, Vegetal.
  • Arma predilecta: Una gavilla de grano, representada por una guadaña.
  • Colores eclesiásticos: Verde bosque, blanco y amarillo.

IGLESIA Y CLERO

La iglesia de Chauntea está vinculada a la tierra fértil, los campos cultivados, las cosechas, la vida rural y el sustento de quienes viven del trabajo agrícola. La Gran Madre es adorada por granjeros, jardineros, campesinos, sirvientes contratados, esclavos agrícolas y por cualquiera que se gane la vida trabajando la tierra. En Faerûn, la mayoría de sus habitantes la consideran una parte esencial del ciclo natural de la vida. Los ricos terratenientes y los granjeros humildes acuden al clero local de Chauntea en busca de consejo para recoger la cosecha o elegir el cultivo de la siguiente estación. Cuando el mal tiempo, la enfermedad, el azar o las plagas arrasan los campos cultivados, los agricultores vuelven sus miradas y rezos a Chauntea con la esperanza de que sus atenciones salven el fruto de la estación. Quienes dañan los campos con fines malvados tienen mucho que temer de sus siervos, que actúan como protectores de las comunidades agrícolas. Los clérigos y druidas de Chauntea rezan para recibir sus conjuros a la puesta del sol. El clero tiene pocas fiestas organizadas. Se instruye a los fieles para que den gracias a Chauntea cada vez que el mundo natural les llene de gozo. Una tradición ancestral de la iglesia mantiene que una pareja de recién casados debe pasar su primera noche en un campo recién labrado, lo que se supone que asegura la fertilidad de la unión. La fertilidad desempeña un papel importante en la fe de Chauntea. Hay una celebración hedonística durante Verdor que alienta el exceso de bebida, comida, danza y comportamiento sin inhibiciones. El clero observa solemnemente los Grandes Rezos de la Cosecha, una ceremonia ritual anual que coincide con el comienzo de la cosecha. Los clérigos de Chauntea suelen elegir hacerse multiclase como exploradores o druidas. Los miembros del clero de la Gran Madre se dividen en dos facciones aproximadamente del mismo tamaño. Aquellos clérigos que se ocupan de los granjeros y trabajadores agrícolas de las ciudades, pueblos y villas se denominan a sí mismos Pastorales. Los que pertenecen a la secta más salvaje y antigua, encargada de los territorios salvajes, se llaman a sí mismos, con cierto toque de arrogancia, los Verdaderos servidores. Ambas sectas no reconocen una autoridad central, pues la fe de Chauntea es individualista. Chauntea establece una doctrina que esboza un grupo general de valores y tabúes, pero cada clérigo adapta ese código para sí mismo y para su grupo de fieles. La iglesia da la bienvenida a miembros de todas las razas, aunque las mujeres superan enormemente a los hombres, quizá debido a que la liturgia está llena de referencias a la fertilidad, la maternidad y la feminidad. Los clérigos y druidas de Chauntea a veces hacen doble trabajo como granjeros y jardineros. Los Pastorales frecuentemente tienen posiciones de gran respeto en las comunidades rurales. Normalmente viven en pequeñas villas o granjas del campo, y sólo unos pocos actúan en ciudades. La mayoría llega a la iglesia a través de un aprecio por la belleza natural y un sentimiento de paz cuando se está en el centro de un campo sembrado bajo la luz del sol estival. Los siervos de Chauntea suelen ser admirados por sus iguales, ya que recuperan desastres naturales o depredaciones mediante conjuros mágicos. Tampoco tienen problema en mezclarse con los habitantes locales en la época de la cosecha, manteniendo sanas a las familias de granjeros y proporcionándoles un par adicional de manos, incluso para las tareas más arduas y serviles. Como su diosa, la mayoría de los que sirven a Chauntea son pacientes y silenciosos, lentos en enfurecerse, pero fuertes cuando lo hacen, y prefieren la diplomacia pasiva al conflicto abierto. Sólo unos pocos sacerdotes presentan templos a la Gran Madre. Normalmente son grandes estructuras de muchas ventanas que sirven al mismo tiempo como graneros o jardines abiertos. Fuera de las ciudades, la mayoría de las ceremonias tienen lugar bajo la luz del sol o de la luna, con los clérigos realizando servicios especiales en sus casas, pequeños santuarios o incluso establos o pajares. En estos lugares, los clérigos y druidas de Chauntea instruyen a su congregación sobre los métodos adecuados para plantar, identificar las enfermedades de plantas y animales, y sobre la herboristería. Muchos realizan matrimonios y actúan como parteros para los alumbramientos humanos y animales. Predican el respeto por el mundo natural y ponen énfasis en los programas de reforestación, irrigación cuidadosa y rotación de cultivos para asegurar que la tierra no quede asolada. Los druidas militantes de Silvanus se mofan de estas lecciones, proclamando que el simple hecho de la agricultura es una afrenta a la naturaleza: permite vivir a más gente en una zona determinada de la que puede ser mantenida a largo plazo, y por lo tanto fomenta la superpoblación y la destrucción del entorno, a pesar de las mejores intenciones de los Pastorales. Los fieles de Silvanus aseguran que, con el paso del tiempo, la agricultura de Chauntea, que desvía cursos de agua, seca pantanos y pone énfasis en apoyar a las ciudades, causará un daño irreparable al equilibrio natural. Los Pastorales no suelen tener esto en cuenta, pero estos gritos reaccionarios han causado una gran agitación entre los Verdaderos servidores, la mayoría de los cuales son druidas. Algunos de los khaunteanos más antiguos se han convertido a Silvanus en el último siglo, conducidos a relaciones cada vez más frías entre los miembros más moderados de ambos cleros.

HISTORIA DIVINA

Chauntea es tan vieja como el propio Toril. Ella es la chispa divina que dio la vida al mundo natural, el espíritu vibrante y amoroso que se fundió con el planeta en el momento de su creación. Originalmente era una deidad de los lugares salvajes y la vida animal, aunque ha crecido con su mundo, cambiando y adaptándose a su variada evolución. Los milenios le han enseñado a tener paciencia, hasta el punto de ser a veces excesivamente lenta en sus decisiones. Chauntea ama a los habitantes de su mundo, y su mayor deseo es instruir a los moradores de Toril sobre cómo la propia tierra puede enriquecer sus vidas. Ella fue la mano que guió a los primeros viajeros mortales para que abandonasen la inseguridad de la recolección por la estabilidad de los campos de cultivo. Hoy en día, Chauntea es adorada como la Gran Madre de la Agricultura, la benefactora que asegura una abundante cosecha, comidas saludables y una buena vida en el campo. Pocas veces se manifiesta en forma física, prefiriendo difundir su esencia a través de la tierra viva de Toril. Los iconos religiosos la representan como una mujer de mediana edad, con aspecto de matrona, pelo completamente blanco y una sonrisa de bienvenida. Lleva una gavilla maciza de grano que le sirve como bastón y, en las raras ocasiones en que se ve inmersa en batalla, como arma semejante a una guadaña. Chauntea es una de las deidades faerûnias más antiguas. Sólo Shar y Selûne la precedieron, y le dieron la vida cuando crearon el mundo de Toril. En los siguientes milenios, Chauntea forjó apasionadas relaciones con varias deidades, muchas de las cuales ya no existen en ninguna forma significativa. También se enfrentó, e incluso destruyó, a deidades que conspiraron para amenazar su mundo. Algunos de sus adoradores proclaman que Chauntea es la progenitora de todas las razas mortales, y que las criaturas que pueblan el mundo emergieron inicialmente de su matriz en los días en que el aire estaba quieto y la tierra inmóvil. En esas antiquísimas épocas Chauntea era conocida como Jannath, la Madre Tierra, una deidad salvaje que corría con las manadas de animales y se regocijaba en la espesura salvaje nunca hollada. Aunque la gente de las islas Lunshaes continúa adorando esta faceta de la Gran Madre, la propia deidad ya no es la misma, pues ha cambiado a la vez que el mundo. En los últimos cientos de años, Chauntea se ha quedado prendada de los habitantes del mundo, especialmente de los humanos, hasta el punto en que ahora centra completamente su atención en ayudarles a vivir de la tierra. Predica la reverencia por la naturaleza y apremia a las gentes de tierras civilizadas a reparar lo que han dañado, pero hace mucho que cedió las tierras salvajes a otras deidades. Este desarrollo ha conducido a que se enfríen sus relaciones con Silvanus, algunos de cuyos adoradores druidas más militantes creen que la Gran Madre se ha traicionado a sí misma y ha vendido el mundo a la invasión siempre demasiado rápida de la civilización. Sus lazos con otras deidades de la naturaleza, especialmente Shialia, Mielikki, Lurue y Eldat, permanecen fuertes. Comparte una relación de cariño con Lathander, que a veces se ha convertido en intimidad, y actualmente ambas deidades pasan gran cantidad de tiempo juntas. Chauntea se opone a Auril, Malar, Talos y Úmberli, y ve el retorno de Perdición como un oscuro presagio. Talona, Dama del Veneno, es la enemiga más odiada por la Gran Madre, pues su propensión a traer asolación, veneno y enfermedades al mundo natural llena a Chauntea de una furia enorme.

DOGMA Y DOCTRINA

Hacer crecer y reparar son parte del ciclo eterno y la parte más natural de la vida. La destrucción por beneficio propio y el arrasar sin reconstruir son anatema para Chauntea. No dejes pasar un día en el cual no hayas ayudado a un ser viviente a florecer. Cultiva, cuida y planta dondequiera que sea posible. Protege árboles y plantas, y salva sus semillas para que lo que sea destruido pueda ser reemplazado. Ocúpate de la fertilidad de la tierra, pero deja que los vientres humanos se ocupen de su fertilidad. Abstente del fuego. Planta una semilla o planta pequeña al menos una vez cada dekhana.