Yelmo / Helm (Dios de los Guardianes y la Protección).
Panteón FeerúnicoLa iglesia de Yelmo fue vista en el pasado como un bastión de estabilidad y seguridad, especialmente en el peligroso norte, donde sus miembros eran respetados por su defensa de la civilización frente a las tierras salvajes.
DETALLES Y CARACTERÍSTICAS
- Títulos: El Observador, el Vigilante.
- Rango: Deidad intermedia faerûnia.
- Símbolo: Un ojo con pupila azul que observa desde un guantelete de guerra enhiesto.
- Plano natal: Casa de la Tríada.
- Alineación: Legal neutral.
- Ámbito: Guardianes, protectores, protección.
- Adoradores: Exploradores, guerreros, guardias, mercenarios, paladines.
- Alineación de los clérigos: LB, LM, LN.
- Dominios: Fuerza, Ley, Planificación, Protección.
- Arma predilecta: Siempre Atenta, una espada bastarda.
- Colores eclesiásticos: Acero y rojo.
IGLESIA Y CLERO
La iglesia de Yelmo fue vista en el pasado como un bastión de estabilidad y seguridad, especialmente en el peligroso norte, donde sus miembros eran respetados por su defensa de la civilización frente a las tierras salvajes, los monstruos de las profundidades y los peligros que acechaban más allá de los asentamientos protegidos. Su clero representa la vigilancia, la custodia, la disciplina, la obediencia y el cumplimiento exacto del deber. Durante los últimos años, sin embargo, la iglesia ha perdido cantidad e influencia. Yelmo cumplió su labor con total dedicación durante la Era de los Trastornos, pero el papel que desempeñó durante aquella crisis provocó muerte, destrucción y enemistades entre miembros de otras fes, especialmente las de Mystra, Perdición y Torm. En el sur, los acontecimientos relacionados con la actuación de su iglesia en Maztica mancharon aún más el nombre del dios y de su clero. Aun así, la iglesia está comenzando a recuperarse, en gran parte por la necesidad de guardianes hábiles que puedan defender a Faerûn contra el creciente poder del mal. Los clérigos de Yelmo rezan para recibir sus conjuros por la mañana, justo después de levantarse, o justo antes de retirarse por la noche. Su único día sagrado oficial es la Ceremonia en honor a Yelmo, celebrada durante la Cumbre del Escudo. Entre las ceremonias principales de la fe se encuentra la Consagración de un postulante, que confirma al aspirante como miembro del clero. También existe la Consagración de un glymtul, que dedica un objeto especial al servicio de Yelmo. El término glymtul es una antigua palabra que significa “objeto predilecto”. Otra ceremonia de importancia es la Purificación, una renovación de la fe realizada por quienes regresan a ella o expían una flaqueza en la vigilancia, la lealtad o la adoración. La Vigilia Sagrada marca la ascensión de un clérigo a un rango superior. Es una ceremonia que ocupa toda una noche y prueba la fuerza de voluntad del candidato. Durante el rito, el arma del aspirante es hechizada con levitar por un clérigo mayor, y la concentración del candidato la mantiene flotando durante la vigilia. Los clérigos de Yelmo nunca comandan muertos vivientes, aunque los clérigos malignos de su fe pueden reprenderlos. La mayoría de los miembros de su clero se hacen multiclase como guerreros o paladines. El clero yelmita cree que puede recuperar el justo poder de Yelmo demostrando excelencia en la vigilancia y una lealtad pura. En su papel de guardianes y protectores se han dedicado a entrenar guardaespaldas en todas partes y han extendido el mensaje de que sólo los adoradores de Yelmo, puestos a prueba por el Vigilante, son realmente dignos de confianza. La iglesia de Torm recibe estas declaraciones con frialdad, pues asegura que el verdadero acercamiento entre ambas fes todavía tardará en llegar. Los templos de Yelmo son siempre edificios imponentes, construidos pensando ante todo en la defensa. Muchos son abadías fortificadas situadas cerca de zonas peligrosas y salvajes, donde ofrecen una línea de defensa frente a la invasión de enemigos poderosos. Las ciudades principales normalmente cuentan con un templo o santuario de Yelmo, ya que sus clérigos son excelentes guardas o líderes de guardias. Dondequiera que estén situados, los fieles de Yelmo vigilan sus lugares de culto de forma incesante. Un tipo de guardián frecuente en los templos yelmitas son los observadores, una raza de contemplador más pequeña, lo que enfurece a la iglesia de Perdición y a sus aliados contempladores. En el corazón de los interminables barracones, armerías y capillas de entrenamiento de un templo de Yelmo se encuentra el altar central, que siempre consiste en una maciza armadura completa. Todas esas armaduras son reliquias sagradas, llevadas en su tiempo por algunos de los campeones más estimados de Yelmo. Todos los que piden asilo son bienvenidos dentro de un templo de Yelmo. Sin embargo, si son acusados de un crimen deben someterse voluntariamente a las leyes de la tierra y a su justicia, ejecutadas de manera completamente legal. A pesar de sus riesgos, muchos aceptan esta condición, pues los seguidores de Yelmo siempre se aseguran de que el acusado reciba un juicio justo. Los clérigos de Yelmo llevan brillantes armaduras completas sin ninguna mancha, a veces con la propiedad de siempre brillante, y yelmos que dejan el rostro al descubierto. Algunos adornan su armadura con capas rojas y tabardos de un gris aclarado. Tanto las prendas como la propia armadura pueden estar decoradas con el Ojo, que nunca duerme, situado en el centro del pecho y de la espalda, como símbolo del pecho vigilante. En las regiones del sur, el clero yelmita puede llevar elaboradas armaduras completas adornadas con gemas y filigranas de oro, que acentúan grandes ojos dorados situados en el pecho y la espalda de la armadura. En zonas donde los clérigos con pesadas armaduras son mal vistos, las vestiduras se reducen a un juego de pesadas hombreras y un yelmo, siempre presente. La iglesia de Yelmo está organizada mediante una estricta jerarquía militar, y cada miembro de la fe puede determinar fácilmente su rango relativo respecto a los demás. En siglos pasados, todos los miembros de la fe informaban en última instancia a un único Observador Supremo, pero no ha existido un pontífice de la fe desde el año del Yelmo Vigilante, cuando la corrupción se extendió entre los miembros más ancianos del clero y el propio dios castigó a quienes habían traicionado su sagrada confianza. Desde esa purga, la iglesia de Yelmo ha sido dirigida por el Concilio de Yelmos, una asamblea de los miembros más ancianos de la fe. La principal obligación de este consejo es mantenerse siempre vigilante ante la posibilidad de que la corrupción se extienda dentro de sus propias filas, una práctica que ha demostrado ser eficaz para arrancar de raíz amenazas insidiosas contra la fe. Muchas abadías yelmitas mantienen poderosos ejércitos eclesiásticos o patrocinan órdenes de guardianes. Los Compañeros de la Visión Verdadera son una orden de cruzados formada por clérigos y guerreros, conocidos por su lealtad absoluta. Sus tropas de choque han seguido órdenes de entrar en combate contra los objetivos más difíciles sin dudar y han mantenido posiciones más duras incluso en situaciones desesperadas. Otras órdenes de la fe incluyen una pequeña compañía de sanadores de campos de batalla conocidos como los Observadores de los Caídos; un grupo de dedicados guardaespaldas llamados los Caballeros Siempre Atentos, que pueden ser contratados en templos yelmitas para obtener sus servicios; y una orden de paladines llamada los Ojos Vigilantes del Dios.
HISTORIA DIVINA
Yelmo es el guardián definitivo, el centinela siempre vigilante que no permite que nada comprometa su labor. A veces es considerado frío y carente de emociones. Tiene la apariencia de un hombre gigantesco vestido con armadura completa, pero en realidad es alguien que impone una disciplina férrea y se dedica con absoluta dureza a la tarea elegida. Siente un cariño especial por los niños y es más tolerante con sus infracciones menores que con las de cualquier otro. Muchos creen que Yelmo daría su vida por proteger a alguien que le hubiera sido confiado, aunque él permanece en silencio al respecto. Yelmo siempre ha soportado una pesada carga, simbolizada por su omnipresente armadura. Como centinela eterno, sabe que el fin del mundo llegará inevitablemente durante su turno de guardia. Aun así, sirve sin queja alguna, dispuesto a realizar cualquier sacrificio necesario para proteger aquello que tiene bajo su cuidado. Por ello, Yelmo se opone de forma implacable a las maquinaciones de Perdición, Cyric y Shar, cuyos planes insidiosos amenazan constantemente a Faerûn. También lucha contra la furia desenfranada y los impulsos destructivos de Gáragos y Talos. No se entretiene con las trampas y deshonestidades de Máscara, viendo al Señor de las Sombras simplemente como otra amenaza que debe ser derrotada. Entre las deidades de alineamiento bueno, sólo Torm comprende realmente la inquebrantable responsabilidad de Yelmo y la carga que soporta. Las relaciones entre la Furia Leal y el Vigilante son lo bastante fuertes como para que ambas iglesias hayan comenzado, no sin resistencia, a cerrar la brecha abierta entre ellas por los sucesos de la Era de los Trastornos, siguiendo los mandatos de sus respectivos dioses. Durante la Era de los Trastornos, Yelmo cumplió su deber como guardián de los accesos divinos, incluso cuando ello lo enfrentó a otras deidades. Esta obediencia absoluta marcó profundamente su imagen ante muchas fes, en especial por la muerte de la anterior Mystra a manos de Yelmo cuando ella intentó regresar a los planos contra el mandato divino. Para los yelmitas, aquel acto fue una terrible confirmación de que el deber debe cumplirse incluso cuando su precio resulta insoportable.
DOGMA Y DOCTRINA
Nunca traiciones la confianza que se ha depositado en ti. Permanece siempre alerta. Mantente firme, espera y observa con cuidado. Sé justo y diligente en el cumplimiento de tus órdenes. Protege a los débiles, los pobres, los heridos y los jóvenes. No los sacrifiques por otros ni por ti mismo. Anticípate a los ataques y prepárate para ellos. Conoce a tus enemigos. Cuida tus armas para que puedan cumplir la labor que les corresponde. La planificación cuidadosa derrota las acciones precipitadas. Obedece siempre las órdenes cuando estas sigan los dictados de Yelmo. Demuestra excelencia y lealtad pura en tu papel como guardián y protector.